Knights of the Round – No sabemos qué era, pero era redonda

Si alguien me preguntara por qué he elegido Knights of the Round como mi primer juego comentado en Retrobits, sinceramente, no sabría qué responder. Puede que sea porque es uno de los juegos en los que más monedas de cinco duros he gastado en mi adolescencia, puede que sea porque siempre me ha parecido uno de los juegos técnicamente más depurados que ha hecho Capcom… o puede que sea porque, en mi modesta opinión, es un buen ejemplo de que hay videojuegos que no envejecen fácilmente, que dieciséis años después de salir a la luz sigue divirtiendo y maravillando como el primer día (o casi).

No, no aparece el valiente Sir Robin. Una pena.
No, no aparece el valiente Sir Robin, una pena

Un poco de historia.

El decimoctavo lanzamiento para Capcom CPS-1 va de lo siguiente: Arturo Pendragón era un caballero de no tan brillante armadura que se aburría un montón porque en en la Edad Media aún no se había inventado Yonkis.com, así que decidió intentar sacar una espada legendaria que había por ahí clavada en una piedra debajo de un chopo, para demostrar que era el más machote. Una vez la sacó (la espada, se entiende), se le apareció Gandalf Dumbledore Merlín, quien le dijo que aquel que sacase la espada del pedrusco estaría destinado a ser el rey de Inglaterra (con todo lo que eso implica: orejas desproporcionadas, carreras de caballos, partidos de polo, una reina consorte llorona y con un pésimo gusto en el vestir…), aunque no sin antes hacerse con el poder de Santo Grial. Así que, raudo y veloz, Arturo se fue a buscar a sus compañeros habituales de parranda los sábados por la noche, Perceval y Lancelot, para ir a buscar el copón ese y darles una manita de mandobles a todos aquellos que se interpusieran en su camino. Ser un rey legendario bien vale que te inflen a toñas.

Esta juventud, cada vez más violenta
Los Caballeros que Dicen “Ni”
despeinando al bueno de Perceval

Por la verde campiña inglesa.

Aún hoy en día, no se puede negar que Knights of the Round es un juego gráficamente brillante, de lo mejor que una placa de recreativa de principios de los 90 podía ofrecer. El colorido y el cuidado diseño de los escenarios, los movimientos de los personajes, la inusual variedad de tipos de enemigos… todo en este juego denota un enorme esmero por parte del equipo de diseñadores, hasta el punto de que el resultado es quizá aún más vistoso que en Final Fight, a pesar de la ligera reducción del tamaño de los sprites. Bien es verdad que adolece de algunos defectos muy comunes del género de lucha, como la repetición de algunos escenarios o de tipos de personajes enemigos, pero está claro que lo hace en mucha menor medida que otros juegos del género, en los que te peleas una y mil veces con tipejos que sólo se distinguen entre ellos por el color del traje de faena. Knights of the Round no cansa la vista en ningún momento. Aún es más: es todo un deleite visual.

Yo a ti te conozco. ¿Tú no eras del Shinobi?
Yo a ti te conozco. ¿Tú no eras del Shinobi?

♪♫ We do routines, and chorus scenes, and a footwork im-pec-ca-ble ♪♫

Hablar de la banda sonora de Knights of the Round sin deshacerse en elogios es difícil. En muchos juegos similares producidos por Capcom en los 90, en pleno furor mamporrero, la banda sonora casi ni se nota. ¿Alguien aquí puede tararear alguna melodía de The Punisher o de Cadillacs and Dinosaurs? Seguro que no. En cambio, el juego que nos ocupa cuenta en su repertorio con dos o tres melodías brillantes, que se graban a fuego en tu cabeza para no borrarse jamás, de entre una banda sonora de excelente factura, que acompaña la acción de una forma ejemplar.

Sony nos revela en exclusiva cómo será el diseño exterior de la PlayStation 4
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Respecto a los efectos de sonido, tengamos en cuenta la época en que salió el juego. Las escasas voces digitalizadas suenan bastante enlatadas, pero el resto (para la época, insistimos) no está nada mal, especialmente los sonidos metálicos de nuestras armas impactando contra las armaduras de los enemigos. En su conjunto, el apartado sonoro de este juego crea, por tanto, una ambientación excelente, o cuando menos suficiente como para sentirnos dentro del juego desde que pulsamos “Start” hasta que algún bastardo nos rebana el gaznate.


Los temibles centinelas franceses, además de arrear mandobles,
profieren absurdos insultos

Mejor no vayamos a Camelot, es un lugar ridículo.

Creo que a nadie se le escapa que Knights of the Round se debe fundamentalmente a otros dos grandes clásicos. El primero es Golden Axe, el aclamado juego de Sega que inauguró el género hack and slash, y que a su vez bebía de fuentes como el gran Double Dragon. El segundo, otro gran juego de la casa: King of Dragons. Del primero toma el sistema de control y no pocos elementos estéticos; la primera impresión que da Knights of the Round es la de un Golden Axe corregido y aumentado: se ve parecido e incluso se juega y se siente parecido. Del segundo, dejando a un lado las numerosas y más que evidentes similitudes estéticas, toma uno de los elementos más atractivos y que mayor profundidad le confieren a este gran juego: el factor de mejora de los personajes. Como si de un RPG se tratara, conforme avanzamos en el juego y vamos alcanzando ciertas cantidades de puntos, a fuerza de machacar enemigos y recoger tesoros, nuestro personaje sube de nivel, lo cual le confiere una ligera mejora en el ataque y la resistencia a los golpes, así como cambios en el aspecto estético del personaje.


A la derecha, Balbars, inventor de los computadores de tarjetas perforadas (obsérvese su martillo)

Todo esto, unido al sólido apartado técnico, del que ya he hablado, hace de Knights of the Round una suerte de antesala de los magníficos Warriors of Fate, Dungeons and Dragons: Tower of Doom y Dungeons and Dragons: Shadow Over Mystara, aparecidos años más tarde, y que también tienen en King of Dragons su antecesor espiritual. Por no hablar de la influencia de Knights of the Round en otros juegos fuera de la producción de Capcom, tales como el estupendo e injustamente olvidado Legend para Super Nintendo (nada que ver con la película aquella con Tom Cruise), del que quizá me ocupe algún día.


Sí, yo también me pregunto por qué el pobre caballo no se hernia.

Centrándonos de nuevo en el juego, su mecánica es muy simple y de sobras conocida: ir derrotando, según nos salgan al paso, grupos de enemigos en desigual (a menudo MUY desigual) combate para avanzar en el nivel, hasta llegar al jefe de nivel, que nos lo hará pasar muy mal, gracias en gran medida al apoyo de enemigos “menores” que irán apareciendo periódicamente como elemento de distracción, y que a menudo suponen una amenaza mayor que el propio jefe. Todo ello, con un control de excelente respuesta y cuya principal virtud es la sencillez: ocho direcciones y dos botones: ataque y salto. Dentro de esa sencillez, Knights of the Round nos permite ejecutar algunos movimientos especiales, como bloquear ataques (Ataque + Atrás) o salir de najas en un salto hacia atrás (Salto + Atrás), a lo que hay que añadir el siempre agradecido ataque desesperado (Ataque + Salto), una constante en los juegos de lucha de Capcom. Además, y aunque en este juego se ha suprimido la posibilidad de recoger armas usarlas contra los enemigos (algo también frecuente en este tipo de juegos), tenemos la posibilidad de ir a caballo en algunas ocasiones, lo que nos da ataques más poderosos, la opción de caerles encima (literal) a los enemigos y la posibilidad de azuzar a nuestra montura contra éstos para que los arrollase, a modo de ataque desesperado. Por último, cada personaje jugador tiene sus propios movimientos especiales: un rápido espadazo con salto en el caso de Arthur, una parada aérea en el caso de Lancelot y un devastador golpe de hacha con carrerilla (de evidente influencia goldenaxiana) en el caso de Perceval, algo que Capcom aplicó con gran acierto a juegos posteriores, como Cadillacs & Dinosaurs o Captain Commando. Y ya que hablamos de los personajes, decir que éstos se ajustan a los tres tipos básicos de luchador en cualquier juego de este género: el luchador equilibrado ideal para novatos, Arthur; el tipo débil pero muy ágil, Lancelot; y la bestia parda, Perceval, si bien es cierto que, aunque Perceval sí que se distingue a la hora de jugar con él, Lancelot y Arthur, en la práctica, no son tan diferentes.


Los valerosos caballeros encontraron el grial y hubo gran regocijo

No puedo dejar de apuntar una curiosidad sobre este juego. Y es que Knights of the Round es de los pocos juegos que conozco en los que se puede repartir el botín. Me explico: cuando encuentras un cofre de tesoro o una porción grande de comida, tienes la opción de golpearla con tu arma, de forma que se fracciona en 3, 4 ó hasta 6 fracciones o raciones, lo cual resulta muy útil en el modo multijugador (estamos hablando de hasta 3 jugadores simultáneos), para evitar que nuestra novia nos deje o nuestros amigos dejen de hablarnos o nos salten cuando se rula el canuto en las fiestas. Claro que, si golpeábamos la comida o los tesoros con la intención de dividirlos, existía la posibilidad de que dichos tesoros se transformasen en un bastón que hacía subir un nivel del tirón a quien lo cogiese, totalmente gratis, o incluso un busto de caballero que hacía subir dos niveles. Y claro, la posibilidad de conflicto por los objetos, algo habitual en este tipo de juegos, se eliminaba… pero no del todo.

Bueno, como es evidente, podría estar días enteros escribiendo sobre este juego, pero ya va siendo hora de acabar. Ahora que tenemos la enorme suerte de contar con maravillas como MAME y otros emuladores de recreativas y consolas antiguas, no tenemos excusa para no disfrutar de juegos como este, especialmente si, por el motivo que sea, no lo hicimos en su momento. Y precisamente nuestra intención en Retrobits es esa: que los grandes videojuegos del pasado no se olviden. Hasta la próxima reseña.

Perfil del redactor

Since 1979. Le gustan los jueguicos desde antes de levantar un palmo del suelo, lo cual da que pensar. Podcastero a ratos (Fase Bonus, IGN RetroPodcast) y bloguero cuando la pereza no le puede, es, además aficionado al anime, disléxico, corto de vista, JÍPSTER de TOJO y gordo. El yerno que nunca querrías tener.