River Raid – Niño, deja ya de joder con el avioncito

River Raid fue uno de los primeros juegos de consola a los que me enganché, tras varios años frecuentando bares y salones recreativos para pulirme cantidades ingentes de monedas de cinco duros que quizá habrían sido dignas de mejor causa, como… Bueno, no se me ocurre nada. No es el mejor videojuego de la historia, lo sé, pero lo asocio a recuerdos muy gratos, como ocurre con muchos otros juegos de Atari 2600, que fue mi primera consola de sobremesa, la cual adquirí tras darle la barrila a mi pobre madre hasta la náusea, y tras haber tenido un par de Game & Watch de Nintendo y unas cuantas “maquinitas” LCD más, de marcas ignotas. No, si cuando en mi casa me decían que iba a salir rarito…

Así que ya sabéis, desocupados lectores, si queréis saber algo más sobre este juego y la mítica Atari VCS, y de paso leer algunas batallitas del abuelo Cebolleta y ver un entrañable anuncio ochentero, no dejéis de pulsar el enlace que dice…

Cuando los dinosaurios dominaban la Tierra

Siempre me gustó mi Atari 2600 bootleg de garrafón. Molaba mucho porque imitaba perfectamente el diseño de la consola original, tanto en la unidad principal como en los mandos. Otras imitaciones que circulaban por ahí estaban hechas a imagen y semejanza de la 2600 JR, un modelo más compacto y estilizado (otra cosa que no inventó Nintendo; siento desilusionar a la banda) y que traía unos mandos que, además de imprecisos, crujían en dos días, por lo que nunca me explicaré a qué lumbrera intelectual de Atari se le ocurrió usar un modelo de joystick casi idéntico para la Atari 5200. Casi seguro que a la misma que hizo el espantoso videojuego de E.T.


Atari 2600 negra. El otro modelo tenía
un acabado imitación madera de lo más vintage, o sea.

 


La Atari 2600 Jr, con su espantoso joystick.


Mando de la 2600 original. Dame 9 pines y moveré el mundo.


Joystick de la 5200. Los que se meten con el wiimote
lo hacen porque nunca han empuñado esta ponzoña.

Otra cosa por la que molaba mucho aquel trasto era porque incluía una ROM con 128 juegos (lo normal en aquellas imitaciones eran 64), entre los que se encontraban verdaderas joyas del catálogo de esta consola, como Pitfall, Chopper Command, Keystone Capers y, por supuesto River Raid, además de rarezas como un videojuego de Pumuki.

La dama de Activision.

Imagino que más de uno se habrá dado cuenta de que, salvo por el juego de Pumuki, todos los juegos que menciono tienen un denominador común: todos son juegos de Activision. Y es que buena parte de la fama y la gloria de la Atari 2600 se deben a esta compañía, aún en activo, y que en los 80 desarrolló para la consola que nos ocupa juegos que en su mayoría eran de una calidad excepcional, a menudo superiores a los que desarrollaba la propia Atari. Entre aquellos magníficos juegos estaba River Raid, un juego de disparos de desplazamiento vertical; probablemente, uno de los primeros con esas características. Además, se da la circunstancia de que este juego fue desarrollado por Carol Shaw, considerada la primera mujer que se dedicó al desarrollo de videojuegos. La verdad es que esta buena señora tampoco se prodigó demasiado en este mundillo y, tras trabajar primero para la propia Atari y para Activision, prácticamente desapareció del mapa. Una pena, porque si esta buena moza hizo lo que hizo con la humilde 2600, quién sabe lo que podría haber hecho con máquinas más potentes. Pronto veremos por qué digo esto.


La madre de la criatura, nada más parirla, en 1982

♪♫♪♫ Voooolaaaareeee, oooooh, ooooh ♪♫♪♫

River Raid nos pone a los mandos de un avión de combate que debe remontar en solitario un río infestado de barcos, helicópteros y cazas enemigos. Por si esto fuera poco, este río discurre por un angosto desfiladero que se estrecha, se ensancha, se bifurca… por lo cual, aparte de los enemigos, tenemos el riesgo añadido de rompernos los cuernos contra los propios límites del río.


Capacidad de maniobra = 0

Además, en este juego existe el factor combustible. Me explico: según vamos volando y provocando destrozos, el combustible de nuestra aeronave se va agotando a un ritmo realmente acelerado. Pero que nadie se alarme demasiado: para eso tenemos desperdigados a lo largo del curso del río tanques de combustible, y bastará con pasar por encima de ellos para repostar en vuelo.


Sí, pone “FUEL”. Por si las dudas, vamos.

Quizá una de las características más curiosas de River Raid es la posibilidad de controlar la velocidad de nuestro aeroplano. Manteniendo el joystick inclinado hacia arriba, volamos a mayor velocidad, si lo mantenemos en una posición neutra, volamos a velocidad media, y si tiramos de él hacia abajo, aminoramos la marcha. Puede parecer una tontería, pero teniendo en cuenta que tanto el trazado del desfiladero como las posiciones y rutinas de movimiento de los enemigos son fijas, controlar sabiamente nuestra velocidad en todo momento es fundamental para no acabar estampados en bajorrelieve contra algún enemigo colocado estratégicamente, o contra el propio desfiladero. Además, a la hora de repostar, el combustible cargado es directamente proporcional al tiempo que empleemos en pasar por encima de los tanques de fuel, así que más nos vale pasar sobre ellos lo más despacio que podamos.


En la parte superior de esta pantalla podemos ver un puente.

Para avanzar en el juego, además, debemos destruir los puentes que cruzan el río, que son los hitos que, de alguna forma, separan las distintas fases de River Raid. Estos puentes hacen de “puerta” entre fase y fase, y no podemos eludirlos de ninguna forma, con lo cual, para pasar al siguiente nivel, tenemos dos opciones: destruirlos de un disparo o destruirlos a lo Al-Qaeda. Ni que decir tengo que ésta última no es nada recomendable, por mucho que el Imam de nuestra mezquita intente convencernos de que pasaremos la Eternidad mojando el churro con bellas huríes. Ya sabéis, niños: al clero, sea de turbante, de alzacuellos o de barba y solideo, ni pastelero caso, que así nos ha lucido el pelo a la Humanidad durante siglos.


Tomar capturas de pantalla mientras juegas tiene estos riesgos.

A pesar de todo lo dicho, River Raid tiene sus limitaciones, que se hacen aún más notables a día de hoy, 25 años después de su publicación. Por ejemplo, no nos podemos mover libremente por la pantalla, sino que nuestro avión siempre queda en el margen inferior de la pantalla, mientras el scroll se desplaza en vertical. Viene a ser algo así como el siguiente paso en la evolución de Space Invaders o Galaga, al menos en ese aspecto. En cuanto a los gráficos… bueno, las pantallas hablan por sí solas. Muy, muy simples y feotes. Para quienes estén más acostumbrados a cosas como Gears of War, serán poco menos que irrisorios, pero hay que reconocer que tienen su mérito. De hecho, River Raid es, posiblemente, uno de los juegos gráficamente más elaborados del catálogo de la Atari 2600. Un cuarto de siglo se dice pronto, pero por aquel entonces un videojuego capaz de generar de forma predefinida (es decir, no aleatoria) enemigos y escenarios, podía considerarse una obra poco menos que faraónica.


Creo que en el Ace Combat 2 había una misión así

Las otras versiones

El éxito de River Raid en su tiempo fue más que notable. Tanto es así, que el retoño de Carol Shaw conoció versiones para Commodore 64, Spectrum y MSX. Además, todavía hoy goza de gran aceptación entre los aficionados más talluditos (me incluyo) y ha conocido incluso algunos remakes, aunque seguro que sobre eso nuestro colega The Punisher sabe mucho más que yo. También conoció una secuela, River Raid II, técnicamente muy similar y concebida como un juego de 2600 para ser utilizado con ésta y con la Atari 7800, que era retrocompatible. Desgraciadamente, llegó demasiado tarde, ya que salió nada menos que en 1988, con la era de los 16 bits a las puertas.


Pantalla de título de la versión de C64.

Aterriza como puedas

Con todo y con esto, algo tendrá el agua, cuando ustedes la bendicen. Y algo tendrá River Raid para que aún a día de hoy todavía me apetezca jugar alguna pertida de vez en cuando, mientras que tengo juegos de PlayStation 2 que no toco desde hace tres años. Quizá sea porque es un juego lo suficientemente simple como para proporcionar diversión sin mayores pretensiones, pero lo suficientemente complejo para no aburrir a los diez minutos. Puede que sea porque los juegos de disparos son mi debilidad (ya se va notando, tras varios artículos aquí, ¿no?), puede que sea porque tiene el sabor añejo de tiempos mejores, en los que no nos hacían falta grandes artificios técnicos para disfrutar con un juego (la industria nos está educando muy mal), o puede que ni siquiera sea el juego en sí, sino por todo lo que significa para mí, por lo que aquella época de mi vida representa, por los recuerdos que me trae. A lo largo de mi vida he jugado a muchísimos juegos mejores que este, pero muy pocos se me antojan más evocadores. Y es que ya estoy en edad de añorar la infancia y, si os soy sinceros, la Nocilla nunca me gustó; me daba ardor de estómago.

Perfil del redactor

Since 1979. Le gustan los jueguicos desde antes de levantar un palmo del suelo, lo cual da que pensar. Podcastero a ratos (Fase Bonus, IGN RetroPodcast) y bloguero cuando la pereza no le puede, es, además aficionado al anime, disléxico, corto de vista, JÍPSTER de TOJO y gordo. El yerno que nunca querrías tener.