Don’t Look Back – Juego PixelFlash “Old School”

Eurídice era la esposa de Orfeo. Mientras paseaba con él, una serpiente la mordió y Eurídice murió. Orfeo preso de una profunda tristeza tocó y canto de un modo tan triste que los dioses le instaron a que bajase al inframundo para rescatarla y devolverla a la vida.

Eso hizo, enfrentandose a mil y un peligros con solo su música como arma. Cara a cara con Hades consiguió convencerle para que le dejase volver a la tierra con su difunta esposa, a lo que Hades accedió poniendo una condición: si Orfeo caminaría de vuelta a la tierra siempre delante de su esposa, si volvía la cabeza para mirarla antes de que el sol alumbrase a Eurídice por completo, esta desaparecería para siempre. Y así fué que Orfeo hizo el peligroso camino de vuelta sin girarse a mirar a su amada.

Cuando por fin llegaron a la superficie, Orfeo quiso asegurarse de que su amada estaba bien, se giró para verla  y… y el sol aun no la había bañado por completo; asi que Eurídice desapareció para siempre en la oscuridad del inframundo.

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Este pixelado inicio ya augura cosas buenas.

Cuando te vas haciendo mayor ves cada vez más díficil el que algo te sorprenda en este mundillo de los videojuegos. Craso error. Una simple partida a “Don’t Look Back” y entenderás por qué digo eso. Es una especie de “Pitfall” mejorado… mejorado en cuanto a la música, ya que los gráficos son a golpe de pixel y en un par de colores. Se controla con las flechas (“arriba” o “Z” para saltar) y la barra espaciadora para disparar.

El juego engancha, y mucho… y si no te engancha es que no sabes apreciar la sencillez de las cosas bien hechas. Por cierta, el final tiene “sorpresa” y si bien los gráficos son lo que son, los sonidos y la música son sublimes.

Perfil del redactor

"Aprovecha la vida, que solo hay una… y no te quedan Continues”. Es lo que piensa este leonés a diario que, gracias a un invento del Corte Inglés llamado Comunión, fue bendecido con una Master System antes siquiera de que su edad alcanzase las dos cifras. Aquello le produjo una crisis que aun le dura (y esperemos le dure mucho tiempo), convirtiéndole en un tifossi de los videojuegos, las nuevas tecnologías y en definitiva, un gran “friki de todo”. No concibe la vida sin poder conducir, sin música y mucho menos, sin cerveza.