Cacharros viejos

Si os digo la verdad, en el fondo no tenía ninguna gana de escribir esta entrada, y también tengo, llegado el momento, cero ganas de publicarla. Así de claro. Tengo la extraña creencia de que, si he de escribir y publicar algo, ese algo debería aportar algún tipo de enseñanza o punto de vista único, que en un futuro pueda ser de una  mínima utilidad a alguien. Esto de escribir acerca de cosas que son o deberían ser obvias me parece un desgaste de teclado y un consumo de ancho de banda fútiles.

Pero parece que hay realidades que, a pesar de que deberían caer por su propio peso, estamos obstinados a no entender, o a fingir que no entendemos, porque nos viene de puta madre hacernos los orejas y dar un discurso que no nos creemos ni nosotros, porque nos beneficia de alguna forma, o porque nos hace quedar fetén.

En el mundo de la afición a los videojuegos, una de estas realidades es la emulación, su labor, sus beneficios y sus ventajas. Me gustaría dedicar unas líneas a reflexionar sobre esta cuestión. Seguro que no os cuento nada nuevo a casi ninguno de vosotros, pues ya se ha escrito y dicho mucho sobre el tema (yo mismo colaboré en un podcast sobre este mismo tema, hace no tanto, y con gente que sabe de él muchísimo más que yo) pero bueno, que sirvan al menos estas reflexiones para refrescar memorias. Y para poner en su sitio a algún ignorante, real o fingido, por qué no decirlo.

JMV nos tiene calados.

La preservación y los cacharros viejos

La ocurrencia de escribir este artículo me vino porque uno de mis contactos de Twitter puso esto:

Reconozco que, en un primer momento, me pareció una barbaridad. “¿Cómo es posible? -me dije- ¿Cómo se puede llamar ‘trasto viejo’ a una consola u ordenador que amamos y que tan buenos ratos nos ha hecho y aún nos puede hacer pasar?”. Pero, tras pensar un poco en ello, me di cuenta de que, si nos dejamos de sentimentalismos, el amigo Fran tiene algo de razón. Siendo un poco realistas, la inmensa mayoría del parque de consolas y ordenadores de los 80 y 90 instalados en el Mundo Real™ fueron, primero, juguetes de algún niño durante un buen puñado de años, para luego pasarse otros tantos o más criando polvo y óxido en algún garaje o trastero. Que sí, que puede haber gente cuidadosa, que haya tratado con mimo sus cacharros, que haya conservado la caja, que los haya almacenado con sacos de gel de sílica, que jamás les haya dado un golpe o haya intentado sacar un cartucho en caliente… Pero no es la norma. La mayor parte de ejemplares de MSX, SNES o Master System que hay por ahí, en el mercado libre, son exactamente eso: trastos viejos, deteriorados por el uso y por los elementos. Y pedir por ellos un potosí so pretexto del coleccionismo, la nostalgia (la puta nostalgia) y las ubérrimas esencias de disfrutar de un juego en su hardware original, una vulgar estafa pintada de bonito. No, tu Spectrum +2 con la barra espaciadora machacada tras cientos de horas de Target Renegade no vale 200 €. ¿Tú eres un cachondo, verdad?

El humor. La comedia.

Y es que es ley de vida: la electrónica también se degrada. A lo mejor una consola de cartuchos es más robusta que una con lectora de discos ópticos o un ordenador con unidad de cassette o disquetera, con sus partes mecánicas de precisión enormemente delicadas, pero, al final, a cada cerdo le llega su San Martín. Ahí fuera hay muy, muy pocas Mega Drive y muy pocos Amstrad CPC en verdadero buen estado, y cada vez habrá menos; más pronto que tarde no habrá ninguno. Por esto, la emulación, ya sea en hardware o en software, se perfila como la única alternativa realista a medio y largo plazo, si queremos seguir disfrutando de aquellos juegos maravillosos que han resistido el paso del tiempo y de las modas (que tampoco son tantos, pero esa os la cuento otro día) de primera mano, sin tener que vernos partidas grabadas por algún completo desconocido en YouTube, que también pueden tener su valor documental, pero admitamos que es el equivalente internetero de ver el partido de alevines de la liga de barrio del hijo de tu vecino.

Lo de chillarle a tu webcam y parecer retrasado es opcional. En serio. De verdad.

Y es que, aunque estoy de acuerdo en que nada puede compararse a, por ejemplo, jugar a Secret of Mana en una SNES de verdad, conectada a un monitor CRT, no todo el mundo dispone de los medios, del tiempo o de las ganas. Y, nos guste o no, un emulador por software preciso y refinado o una clónica basada en FPGA representan alternativas, no sólo muy válidas, sino infinitamente más viables que limpiarle el trastero a algún listillo y encima pagar una fortuna por ello.

Yo Soy Más Gamer Que Tú: El Musical

Llamadme idealista, iluso o lo que os dé la gana, pero para mí una de las principales virtudes de la emulación, y posiblemente la más bonita de todas, es la de legar a los jugones del futuro aquellos juegos que los jugones del pasado y del presente pudimos disfrutar. Ya sea porque sus valores lúdicos y de producción aún sigan vigentes, ya sea por su valor histórico (no siempre es lo mismo, pero insisto: ese debate, para otro día, si queréis), hay muchísimos juegos que merecen seguir siendo jugados y disfrutados; que merecen sobrevivirnos. Juegos del pasado y de este presente infinitesimalmente efímero que será pasado antes de que nos demos cuenta.

“Vengo del futuro. ¿Os acordáis de lo que les pasó a las membranas de vuestros Spectrum 48K? Pues os vais a cagar… “

La emulación no es sólo, ut supra diximus, una herramienta de preservación para nosotros mismos, sino que facilita enormemente cualquier labor de documentación que, no ya sólo nosotros, sino también los aficionados más jóvenes, y los que aún están por venir, quieran realizar. Muy pronto, cualquier estudio mínimamente serio y empírico que quiera hacerse sobre la historia de este medio sólo será viable a través de la emulación. Los emuladores y los volcados de ROMs ponen al alcance de cualquier chaval o chavala curioso, de forma cómoda, fácil y barata, una ludoteca de proporciones incalculables, no sólo para divertirse como sus padres o sus abuelos, sino para investigar por qué éstos se divertían con esos juegos, cómo estaban hechos, cómo se forjaron y definieron los distintos géneros de videojuegos, cómo han evolucionado… Yo aquí quiero ser optimista y quiero creer que cualquier usuario de videojuegos que sea padre o madre, o que tenga intención de serlo, será como mi primo Álex Montoya, quien más de una vez me ha sacado alguna lagrimilla (soy así de moñas, qué le voy a hacer) con sus fotografías de cómo pone a sus zagales a jugar, vía MAME o KEGA Fusion (por ejemplo), a juegos de las recreativas, consolas y ordenadores de su infancia y adolescencia, que también fueron las mías, y que esos chavales crecerán, no sólo amando los videojuegos, sino siendo conscientes de que este medio tuvo una historia y una evolución, y siendo capaces de poner en su debido contexto desde el League of Legends hasta el Space Invaders.

No niego que lo ideal es, además, poder enseñarles a estos chavales cómo se cargaba una cinta en un Spectrum o cómo funciona realmente una NES, desempolvando las máquinas reales y conectándolas a la tele; jamás voy a negar las virtudes del hardware original, pues sería una memez por mi parte. Pero esta labor didáctica y de investigación histórica resulta mucho más fácil gracias a la emulación. Y, andando el tiempo, ésta será, a efectos prácticos, la única vía.

Aunque admito que será una pena perderse reacciones como esta.

¿Que algunos se quieren sentir una especie de élite porque sólo juegan a juegos de PC Engine si pueden conectar la consola original a su tele y usar HuCards originales, mientras se ciegan a cualquier alternativa y nos tildan de “ratas” o de “piratas” a los que, aún teniendo la consola, preferimos, por cuestiones prácticas, usar Ootake? Que les aproveche. Comprendo que gente con la autoestima de un escarabajo pelotero o que en su puta vida ha hecho nada especial necesite autoafirmarse con clasismos de chichinabo. También comprendo que quien tiene una paginita de “joyas de coleccionista” en eBay necesite un discurso que sirva a sus intereses, así como tontos útiles que lo propaguen.

Captura de mi escritorio. Mi carnet de retrogamer pata negra acaba de ser revocado.

Pero, damas y caballeros, si queremos que los videojuegos sean por fin el medio de creación serio y bien considerado socialmente que merecen ser, debemos estar dispuestos a aceptar medios de preservación, documentación e investigación fáciles de manejar, baratos y viables a muchos niveles y, hasta que alguien invente una máquina del tiempo, la emulación (hard y soft; yo aquí no distingo) es y será una herramienta fundamental para saber qué somos, de dónde venimos y a dónde vamos. Y, sin eso, creedme que todos los golpes de pecho, todos los discursitos sobre si los videojuegos son arte (ese complejito de inferioridad, que no decaiga) y todos los simposios sobre si los “serious games” curan el cáncer o si la “gamificación” convierte el agua en Moët Chandon habrán servido de muy poquito.

Un solo emulador, infinitas posibilidades

Hay una ventaja de la emulación de la que se habla muy poco, quizá porque los que nos dedicamos a juntar letras y a teorizar sobre Lo Retro™ nos aprovechamos de ella de forma tan frecuente que ya ni nos apercibimos de que está ahí. Capturar pantallas, grabar estados haciendo una copia de la RAM de programa de la máquina en el momento para retomar la partida justo en ese punto, análisis de dicha RAM, grabar vídeo, grabar audio, grabar macros, jugar en línea a juegos que jamás soñaron con tener un modo en línea nativo… Los emuladores proporcionan al usuario, al comentarista, al periodista, al bloguero, al youtubero, al investigador e incluso al desasarrollador, herramientas de un valor incalculable, no ya sólo a la hora de mejorar o flexibilizar la experiencia de juego, sino a la hora de trabajar con los videojuegos. Y eso, en mi modesta opinión, “no está pagao”. No sé si alguien se hace una idea de lo complicado que puede llegar a ser realizar algunas de esas tareas con el tan glorificado hardware original. Bueno, y eso en los casos en que no es directamente imposible. Mi consejo, como propietario de una veintena de consolas: a no ser que tengáis los medios técnicos y materiales necesarios, mucho tiempo libre y mucha paciencia, ni lo intentéis.

FRAPS en los 80. Hala, untad esto con Nocilla, cansinos.

Lo contingente y lo necesario

En conclusión, la emulación es un tema muy serio. Ya sea por su dimensión lúdica (la más importante; aquí hemos venido a jugar), ya sea por sus facetas de preservación o investigación, mirarla por encima del hombro y cerrarse en banda ante ella es un error. La salvación de los videojuegos como medio con un contexto histórico y una evolución dignos de estudio descansa sobre sus hombros. Nuestra dignificada posturita, mientras conectamos una Master System II por cable RF al Telefunken de la abuela, es contingente, pero los emuladores, sean tangibles o no, son necesarios. Y lo demás son rollos macabeos.

También cabe la posibilidad de que este humidle redactor sea millonario. ¡Internet manda!

Perfil del redactor

Since 1979. Le gustan los jueguicos desde antes de levantar un palmo del suelo, lo cual da que pensar. Podcastero a ratos (Fase Bonus, IGN RetroPodcast) y bloguero cuando la pereza no le puede, es, además aficionado al anime, disléxico, corto de vista, JÍPSTER de TOJO y gordo. El yerno que nunca querrías tener.